Fue bautizado en
la parroquia de San Lorenzo Mártir. Sus antepasados directos, empezando
por su mismo padre, José Domínguez Bécquer, fueron pintores de
costumbres andaluzas, y tanto Gustavo Adolfo como su hermano Valeriano estuvieron
muy dotados para el dibujo. Valeriano, de hecho, se inclinó por la
pintura. Sin embargo el padre murió el 26 de enero de 1841, cuando contaba
el poeta cuatro años y esa vocación pictórica perdió el principal de sus
apoyos. En 1846, con diez años, Gustavo Adolfo ingresó en el Colegio de
San Telmo de Sevilla (institución mixta que acogía también huérfanos de
cierto nivel), donde recibe clases de un discípulo del gran
poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata, y conoce a su gran
amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo. Al año
siguiente, el 27 de febrero de 1847, los hermanos Bécquer
quedaron huérfanos también de madre, y fueron adoptados entonces por su tía
materna, María Bastida, y Juan de Vargas, que se hizo cargo de sus siete
sobrinos, aunque Valeriano y Gustavo se adoptaron desde entonces cada uno al
otro, y de hecho más tarde emprendieron muchos trabajos y viajes juntos.
Suprimido por Isabel
II en 1847 el Colegio de San Telmo (que en 1849 pasaría a ser palacio de
los duques de Montpensier), Gustavo Adolfo quedó desorientado. Fue
entonces a vivir con su madrina, Manuela Monnehay Moreno, joven de origen
francés y acomodada comerciante, cuyos medios y sensibilidad literaria le
permitían disponer de una mediana pero selecta biblioteca poética. En esta
biblioteca empezó Gustavo Adolfo a aficionarse a la lectura. Inició entonces estudios
de pintura en los talleres de Antonio Cabral Bejarano, y más tarde en el
de su tío paterno Joaquín Domínguez Bécquer, que le pronosticó «Tú no serás nunca un buen pintor, sino un
mal literato», aunque le estimuló a los estudios y le pagó los de latín.
Tras ciertos escarceos literarios (escribe en El trono y la nobleza de Madrid y en las revistas
sevillanas La Aurora y El Porvenir),
en 1854 marchó a Madrid con el deseo de triunfar en la
literatura. Sufrió una gran decepción y sobrevivió en la bohemia de
esos años. Para ganar algún dinero el poeta escribe, en colaboración con sus
amigos (Julio Nombela y Luis García Luna), y bajo el seudónimo de
Gustavo García, comedias y zarzuelas como La novia y el pantalón (1856), en la que satiriza el
ambiente burgués y antiartístico que le rodea, o La venta encantada, basada en Don Quijote de la Mancha. Ese año fue
con su hermano a Toledo, un lugar de amor y de peregrinación para él, a
fin de inspirarse para su futuro libro Historia de los templos de España. Le interesan por entonces
el Byron de las Hebrew
Melodies o el Heine del Intermezzo a través de la traducción que Eulogio
Florentino Sanz realiza en 1857 en la revista El Museo Universal.
Hacia 1858 conoció a Josefina Espín, una bella señorita de ojos azules, y empezó a cortejarla; pronto, sin embargo, se fijó en la que sería su musa irremediable, la hermana de Josefina y hermosa cantante de ópera Julia Espín, en la tertulia que se desarrollaba en casa de su padre, el músico Joaquín Espín, maestro director de la Universidad Central, profesor de solfeo en el Conservatorio y organista de la Capilla Real, protegido de Narváez. Gustavo se enamoró (decía que el amor era su única felicidad) y empezó a escribir las primeras Rimas, como Tu pupila es azul, pero la relación no llegó a consolidarse porque ella tenía más altas miras y le disgustaba la vida bohemia del escritor, que aún no era famoso; Julia dio nombre a una de las hijas de Valeriano. Durante esta época empezó a escuchar a su admirado Chopin .Fue precisamente en ese año, 1857, cuando apareció la tuberculosis que le habría de enviar a la tumba. Tuvo un modesto empleo dentro de la Dirección de Bienes Nacionales y perdió el puesto. Su pesimismo va creciendo día a día y sólo los cuidados de su patrona en Madrid, de algunos amigos y de Valeriano le ayudaron a superar la crisis. Ese año empieza un ambicioso proyecto inspirado por El genio del Cristianismo de Chateaubriand: estudiar el arte cristiano español uniendo el pensamiento religioso, la arquitectura y la historia: «La tradición religiosa es el eje de diamante sobre el que gira nuestro pasado. Estudiar el templo, manifestación visible de la primera, para hacer en un sólo libro la síntesis del segundo: he aquí nuestro propósito». Pero sólo saldrá el primer tomo de su Historia de los templos de España, con ilustraciones de Valeriano.
Después, entre 1859 y 1860, amó
con pasión a una «dama de rumbo y manejo» de Valladolid, que durante muchos
años se identificó con Elisa
Guillén, un personaje que hoy se sabe inexistente. Pero la amante,
fuera quien fuera, se cansó de él y su abandono lo sumió en la desesperación.
El 19 de mayo de 1861 se casó precipitadamente con Casta Esteban
y Navarro, de la que tuvo tres hijos. Los expertos no se ponen de acuerdo
en cuál de ellas pudo ser su musa más constante, o si ninguna de ellas,
concibiendo algún tipo ideal de mujer.
En
1860 publica Cartas literarias a
una mujer en donde explica la esencia de sus Rimas que aluden a lo inefable.
En la casa del médico que lo trata de una enfermedad venérea, Francisco
Esteban, conocerá a la que será su esposa, Casta Esteban y Navarro.
Contrajeron matrimonio en el 19 de mayo de 1861. De 1858 a 1863, la Unión
Liberal de O'Donnell gobernaba
España y en 1860, González Bravo, con el apoyo del financiero Salamanca,
funda El Contemporáneo, dirigido por José Luis Albareda, en el
que participan redactores de la talla de Juan Valera. El gran amigo de
Bécquer, Rodríguez Correa, ya redactor del nuevo diario, consiguió un puesto de
redactor para el poeta sevillano. En este periódico, y hasta que desaparezca en
1865, hará crónica de salones, política y literatura; gracias a esta
remuneración viven los recién casados. En 1862 nació su primer hijo,
Gregorio Gustavo Adolfo, en Noviercas (Soria)
donde posee bienes la familia de Casta y donde Bécquer tuvo una casita para su
descanso y recreo. Empieza a escribir más para alimentar a su pequeña familia
y, fruto de este intenso trabajo, nacieron varias de sus obras.
Pero en 1863 padeció una grave
recaída en su enfermedad, de la que se repuso, sin embargo, para marchar a
Sevilla con su familia. De esa época es el retrato hecho por su hermano que se
conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Trabaja con su hermano
Valeriano, cuya relación con Casta no era buena, debido a que ella no soportaba
su carácter y su constante presencia en casa. González Bravo, amigo y
mecenas de Gustavo, le nombra censor de novelas en 1864 y el escritor vuelve a
Madrid, donde desempeña este trabajo hasta 1867 con veinticuatro mil reales de
sueldo. En este último año nace su segundo hijo, Jorge Bécquer.
En 1866 ocupa de nuevo el cargo
de censor hasta 1868; es este un año tétrico para Bécquer: Casta le es infiel,
su libro de poemas desaparece en los disturbios revolucionarios y para huir de
ellos marcha a Toledo, donde permanece un breve tiempo. En diciembre nace
en Noviercas su tercer hijo, Emilio Eusebio, dando pábulo a su tragedia
conyugal, pues se dice que este último hijo es del amante de Casta. Es más,
Valeriano discute con Casta continuamente. Sin embargo, los esposos aún se
escriben. Pasa entonces otra temporada en Toledo, de donde sale para
Madrid en 1870 a fin de dirigir La
Ilustración de Madrid, que acaba de fundar Eduardo Gasset con
la intención de que lo dirigiera Gustavo Adolfo y trabajara en él Valeriano
como dibujante. En septiembre, la muerte de su inseparable hermano y
colaborador le sume en una honda tristeza. En noviembre fue nombrado director
de una nueva publicación, El
Entreacto, en la que apenas llega a publicar la primera parte de un
inconcluso relato.
Ferrán y Correa se pusieron de
inmediato a preparar la edición de sus Obras completas para ayudar a la
familia; salieron en 1871 en dos volúmenes; en sucesivas ediciones
fueron añadidos otros escritos.
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