Fue el primer hijo del matrimonio formado por Manuel García y Rosa Sarmiento, quienes se
habían casado en León (Nicaragua) el 26 de abril de 1866, tras
conseguir las dispensas eclesiásticas necesarias, pues se trataba de primos
segundos. Sin embargo, la conducta de Manuel, aficionado en exceso al alcohol y
a las prostitutas, hizo que Rosa, ya embarazada, tomara la decisión de
abandonar el hogar conyugal y refugiarse en la ciudad de Metapa, en la que
dio a luz a su hijo, Félix Rubén. El matrimonio terminaría por reconciliarse, e
incluso Rosa llegó a dar a luz a otra hija de Manuel, Cándida Rosa, quien murió
a los pocos días. La relación se volvió a deteriorar y Rosa abandonó a su
marido para ir a vivir con su hijo en casa de una tía suya, Bernarda Sarmiento,
que vivía con su esposo, el coronel Félix Ramírez Madregil, en la misma ciudad
de León. Rosa Sarmiento conoció poco después a otro hombre, y estableció con él
su residencia en San Marcos de Colón, en el departamento de Choluteca,
en Honduras.
Aunque según su fe de bautismo el primer
apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde
generaciones por el apellido Darío. El propio Rubén lo explica en su
autobiografía:
Según lo que algunos ancianos de aquella ciudad
de mi infancia me han referido, uno de mis tatarabuelos tenía por nombre Darío.
En la pequeña población conocíale todo el mundo por don Darío; a sus hijos e
hijas, por los Daríos, las Daríos. Fue así desapareciendo el primer apellido, a
punto de que mi bisabuela paterna firmaba ya Rita Darío; y ello, convertido en
patronímico, llegó a adquirir valor legal; pues mi padre, que era comerciante,
realizó todos sus negocios ya con el nombre de Manuel Darío [...]
Sobre sus primeros años hay pocas noticias,
aunque se sabe que a la muerte del coronel Félix Ramírez, en 1871, la
familia pasó apuros económicos, e incluso se pensó en colocar al joven Rubén
como aprendiz de sastre. Según su biógrafo Edelberto Torres, asistió a varias
escuelas de la ciudad de León antes de pasar, en los años 1879 y 1880,
a educarse con los jesuitas. La niñez de Rubén Darío transcurrió en la
ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes
consideró en su infancia sus verdaderos padres (de hecho, durante sus primeros
años firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez). Apenas tuvo
contacto con su madre, que residía en Honduras, ni con su padre, a quien
llamaba "tío Manuel".
Lector precoz, en su Autobiografía señala:
Fui algo niño prodigio. A los tres años sabía
leer; según se me ha contado.
Entre los primeros libros que menciona haber
leído están el Quijote, las obras de Moratín, Las mil
y una noches, la Biblia, los Oficios de Cicerón,
y la Corina (Corinne) de Madame de Staël. Pronto
empezó también a escribir sus primeros versos: se conserva un soneto escrito
por él en 1879, y publicó por primera vez en un periódico poco después de
cumplir los trece años: se trata de la elegía Una lágrima, que
apareció en el diario El Termómetro, de la ciudad de Rivas, el 26
de julio de 1880. Poco después colaboró también en El Ensayo,
revista literaria de León, y alcanzó fama como "poeta niño". En estos
primeros versos, según Teodosio Fernández, sus influencias predominantes
eran los poetas españoles de la época Zorrilla, Campoamor, Núñez de
Arce y Ventura de la Vega. Más adelante, sin embargo, se interesó
mucho por la obra de Víctor, que tendría una influencia determinante en su
labor poética. Sus obras de esta época muestran también la impronta del
pensamiento liberal, hostil a la excesiva influencia de la Iglesia
católica, como es el caso su composición El jesuita, de 1881.
En cuanto a su actitud política, su influencia más destacada fue el ecuatoriano Juan
Montalvo, a quien imitó deliberadamente en sus primeros artículos periodísticos.
Ya en esta época (contaba catorce años) proyectó publicar un primer
libro, Poesías y artículos en prosa, que no vería la luz hasta el
cincuentenario de su muerte. Poseía una superdotada memoria, gozaba de una
creatividad y retentiva genial, y era invitado con frecuencia a recitar poesía
en reuniones sociales y actos públicos.
En diciembre de ese mismo año se trasladó a Managua,
capital del país, a instancias de algunos políticos liberales que habían
concebido la idea de que, dadas sus dotes poéticas, debería educarse en Europa a
costa del erario público. No obstante, el tono anticlerical de sus
versos no convenció al presidente del Congreso, el conservador Pedro
Joaquín Chamorro y Alfaro, y se resolvió que estudiaría en la ciudad
nicaragüense de Granada. Rubén, sin embargo, prefirió quedarse en Managua,
donde continuó su actividad periodística, colaborando con los diarios El
Ferrocarril y El Porvenir de Nicaragua. Poco después, en
agosto de 1882, se embarcaba en el puerto de Corinto, hacia El
Salvador.
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